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Trece monedas simbolizan la buena economía de tu futuro hogar. El novio le hace entrega a la novia como símbolo de que los bienes materiales de ambos serán compartidos y de que no faltarán en casa. Toda la historia en la nota.

Arras, su historia

En la antigüedad

Las arras constituían una garantía de cualquier obligación aceptada o convenida. No eran una dote del marido, ni siquiera un residuo del antiguo precio de la mujer. Calificadas como garantías del acuerdo o promesas de matrimonio, es una institución de origen oriental tomada por el Derecho Romano para reforzar el cumplimiento del acuerdo convenido entre los esposos; si se incumple la promesa de matrimonio, se pierden las arras.

En el Derecho Romano

Fueron consideradas como una donación, sponsalitia lergitati, y el Derecho Germánico-Visigodo establecido en España sigue esta línea con el apoyo de la Iglesia. No obstante, los textos legales españoles formulan generalmente limitaciones al valor de las arras, que en no pocos casos resulta excesivo.

Un documento toledano de 1530 señala que está establecido que nadie puede dar arras a su mujer por un valor superior a quinientos sueldos.

Algunos fueros municipales, adecúan las arras a la condición de la esposa, según sea ésta villana o aldeana, y están constituidas generalmente por tierras y ganado.

En ese mismo sentido, la recopilación de fueros aragoneses distingue a la infanzona de la villana. La primera puede recibir como arras tres de las mejores heredadas del esposo, mientras que a la villana se le dará un campo de sembradura y un cahíz de semillas.

En la fórmula medieval

Se ofrecen ya en moneda: "Doy en arras a vos estos florines de oro".

El Fuero de Teruel distingue a las esposas y doncellas de las viudas: a las primeras se les puede dar veinte maravedíes alfonsíes; a las segundas, sólo diez.

Las arras, no obstante, son motivo de confusión con la donación que hace el esposo a la esposa. Varios textos utilizan el término, como en el caso del Fuero de Pamplona, y se distingue también entre primeras o segundas nupcias.

Así, al entrar en la Edad Moderna, las arras quedan desfiguradas. Algunos especialistas aseguran que sustituyen a la donación por causa de matrimonio y las llaman "arras hispánicas", lo cual revela una matización que las diferencia, e incluso adquieren el significado del viejo precio de la virginidad, pues se las considera remuneración del pudor o la nobleza.

Otra denominación de las arras

También se denominaron arras a las monedas que se entregan en la ceremonia religiosa. Doce monedas de oro o plata y una de metal, que han de bendecirse antes de la velación.

Con esa entrega de arras el matrimonio queda perfeccionado en cuanto a su base contractual.

Que los esponsales tenían valor de matrimonio lo demuestra un suceso famoso protagonizado por Doña María de Fonseca, quien tuvo que ser depositada en el propio palacio de los Reyes Católicos al verse disputada por dos maridos: uno sostenía haber celebrado nupcias con ella y el otro afirmaba ser su marido por palabras de presente, ya que había intercambiado con ella los verba ante un grupo de amigos.

Ganó este último el pleito, al probarse que había sido así. Don Rodrigo de Mendoza logró de esta forma a Doña María frente a Don Pedro Ruiz de Fonseca. Después, abandonó el palacio para ser virrey de Valencia.

En ese período en el que los novios son esposos pero todavía no constituyen matrimonio, a la esposa le corresponde preparar el ajuar. Se trata de bienes muebles, no solamente vestidos o lencería.

En el Poema del Mío Cid, el ajuar se cifra en dinero: tres mil maravedíes de plata. En otros casos domina la indumentaria: sayas, haldas o calzas, así como lienzos y cuanto cubre la cama.

Los textos históricos muestran una cierta ambigüedad al designar las distintas aportaciones patrimoniales a la sociedad conyugal. Las arras están ligadas de forma específica al acto esponsalicio, mientras que el ajuar se relaciona con la preparación de las nupcias.


Por Jazmin Conte


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